miércoles, 21 de abril de 2010

Sobre Safo, la Musa Mortal: Un ideal de amor sensual y espiritual.


 Estatua De Safo -  Von Dannecker (1800)
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Imposible dejar de sentir incontables llamaradas en el alma con los versos de esta mujer nacida en Lesbos aproximadamente el 650 a.c. Comparada con el mismo Sócrates por su percepción del Amor y por la forma tan espiritual de expresarlo, aun cuando era su propio cuerpo el que anidaba y emanaba este sentimiento.
Sabido es por muchos que se le considera una especie de gestora o delegada del amor entre mujeres, pero me parece que esta única y simple razonable conjetura, sólo la ha minimizado a través de los siglos. Su figura pervertida ha sido tejida en la historia porque es hábito humano pretender destruir lo que no se comprende o se considera una amenaza, desgraciadamente como consecuencia de esto, se logró callar su seráfica voz que nos habla con dulces susurros en los fragmentos que tenemos de sus Epitalamios (cantos matrimoniales) y de su única pieza poética completa: Himno a Afrodita. Y en referencia a esto, tenemos de Ovidio que dice: “Mira a Safo, ¿qué más lascivo que ello?”

Pero al leerla, se descubre que Safo de Lesbos fue una mujer excepcional por su transparencia y singularidad espiritual, que rompió con los paradigmas de su época al cantarle al amor, a la belleza, a la sensualidad femenina y a su madre y Diosa: Afrodita, a quien invocaba con pasión, imploraba con piedad y agradecía con euforia sobre sus múltiples situaciones sentimentales. Pero ella también fue madre; madre, amiga y amante. Amaba entregándose en ternura infinita a la existencia y las vivencias sensuales con algunas alumnas de su escuela -Casa de las Musas- de las que se enamoraba y entre las que  podemos citar como cruciales en la vida la de la Poetisa a Atthis y Anactoria. ¿Y por cuántas doncellas más tal vez no derramó insufribles lágrimas e imploró la ayuda de su Diosa para obtener sus favores? No lo sabemos con exactitud.

Pero sin duda, su verso trasciende porque es como una verdad lumínica, una realidad plasmada sencillamente, que conmueve por su excelsitud, por el sentimiento mismo que pervive en cada palabra. Palabras de las que se desprende sonoridad infinita, palabras atadas en versos graciosos, naturales y suntuosos a la vez. Donde sólo importa amar con el cuerpo y el alma, porque eso es bello y divino.

 Sappho - Édouard-Henri Avril (Paul Avril)

1 comentario:

Mayte dijo...

Ah la eterna lesbos, cautivadora y hermosa, dicen algunos llena de fortaleza.

Biko, Delirio.