lunes, 1 de octubre de 2012

Moon in love




 Endymion and Selene - Victor Pollet


Tras una ardua jornada de trabajo, Endimión se acuesta a reposar al aire libre en la cumbre de una alta montaña. Antes de cerrar los ojos, su corazón se vivifica en la silenciosa contemplación de Selene, su amada diosa que en su forma de astro original alumbra y embellece el nocturno firmamento.
Los párpados de Endimión se cierran rendidos entrando al pasaje de los sueños sin sospechar que su amada ha bajado a la tierra y al advertir su desnuda belleza ha empezado a amarle sublime y profundamente.
Selene baja cada noche a velar el sueño de Endimión pero él ignora esta visita y más aún que la diosa también lo ama.
Una vez, por intercesión de los dioses Endimión despierta en plena noche y se une pasionalmente a Selene entre mutuas confesiones del prodigioso amor que se profesaban el uno al otro.
Sin embargo, ha pasado ya mucho tiempo y él empieza a percatarse que envejece, por lo que le solicita a la diosa haga permanecer su juventud. Selene ruega por su amor ante Zeus y éste resuelve que Endimión no padecerá el paso del tiempo únicamente mientras esté dormido.
Siendo así, el bello Endimión decide dormirse nuevamente a cada despertar y la diosa Luna promete acompañarlo en sus sueños por siempre.


lunes, 23 de enero de 2012

Laberinto de Amor.

“Al principio, no me veras ni entenderás pero tienes que tener paciencia y mirar. Con perseverancia y sin prejuicios, con libertad y con deseo, mirar. Con la fantasía desplegada y el sexo predispuesto –de preferencia, en ristre– mirar. Allí se entra como la novicia al convento de clausura o el amante a la gruta de la amada: resueltamente, sin cálculos mezquinos, dándolo todo, exigiendo nada y, en el alma, la seguridad de que aquello es para siempre. Solo con esa condición, poquito a poco la superficie de oscuros morados y violetas comenzará a moverse, a tornasolarse, a revestirse de sentido y a desplegarse como lo que, en verdad, es: un laberinto de amor”.
 “Hace un instante estabas ciego y de hinojos entre mis muslos, encendiendo mis fuegos como un sirviente abyecto y diligente. Ahora gozas mirándome gozar y reflexionas. Ahora sabes cómo soy. Ahora te gustaría disolverme en una teoría”.
“¿Somos Impúdicos? Somos totales y libres, más bien, y terrenales a más no poder”…. “Nos han dejado sin secretos mi amor. Esa soy yo, esclavo y amo, tu ofrenda. Abierta en canal como una tórtola por el cuchillo del amor. Rajada y latiendo, yo. Lenta masturbación, yo. Chorro de almíbar, yo. Dédalo y sensación, yo. Ovario mágico, semen, sangre y rocío del amanecer: yo. Esa es mi cara para ti, a la hora de los sentidos. Ésa soy yo cuando, por ti, me saco la piel de diario y de días feriados. Esa será mi alma tal vez. Tuya de ti”.

Mario Vargas Llosa.

domingo, 22 de mayo de 2011

Sentimental desnudez.

Endre Komaromi-Kacz

Recuerdo del ferviente abrazo
la imagen  del mástil de su sexo
la furia de sus rítmicos movimientos dentro de sí
de sus despiadadas manos tocándola, palpándola…
sintiéndola  en su profundidad de mujer.
El paraíso en el centro de su lúbrica incandescencia,
y al fin entre sus labios, una tierna explosión.

domingo, 8 de mayo de 2011

Lilith

  John Collier - Lilith

Sucedía que mi corazón inquieto ya me dolía
tu negro  lazo intempestivamente rodeándome
mi fuerza se extinguía con la suavidad de tus cortantes caricias
dejé de pertenecerme… dulcemente abandonada a ti.
¡Llévame!... a donde el deseo grita, amor mío.
Cuánta lujuria  invadiéndome…  el ordinario mundo extinguido
tan sólo tu rostro amaneciendo a mis apetitos;
febril tu abrazo, demoniaco tu arrebato
Cuando mis ansias llevan tu nombre…

sábado, 30 de abril de 2011

Idealizada Belleza Prerrafaelita


Venus verticordia- Dante Gabriel Rossetti

El cuerpo de una hermosa mujer flota inerte en las aguas esmeraldas de un lago saturado de florecillas. La palidez  de su rostro evoca la luminosa aurora matutina y el cristal de sus ojos, el reflejo de celestes estrellas en el infinito. Así se describe a Elizabeth Eleanor Siddal inmortalizada en “Ophelia", la pintura de Millais que enamorado de los versos de Shakespeare, plasma en lienzo la escena donde la dama desesperada por el amor de Hamlet, se sumerge para siempre en un río. Sin embargo, tal proeza que a los ojos nos encandila, significó que Lizzie Siddal posara durante horas en una tina llena de agua helada, acarreándole  el deterioro de su estado de salud durante el resto de sus días además que la llevó a hacerse adicta al láudano -bebida derivada del opio muy usada en el siglos XIX-. Vaya Heroína, aún sin saberlo. Pero de dónde surgió esta mujer que los más destacados pintores de la Hermandad Prerrafaelita la convirtieron en su musa e inspiración, es fácil deducir que su apariencia casi angelical, la esbeltez de su cuerpo, la delicada blancura de su piel y su abundante cabello rojo cobrizo, indujo  a estos pintores a “sustraerla” de su tienda de sombreros, donde trabajaba como vendedora  para adentrarla en el mundo del arte, confiriéndole alas que se desplegaban tanto como la mística imaginación de remotas épocas medievales lo sugerían.
 Ophelia - John Everett Millais
 
Cuando Dante Gabriel Rossetti la conoció, la acaparó inmediatamente, tomándola como modelo exclusiva y amante. Lizzie como su madre la llamaba, no era indiferente al pintor, sino que por el contrario, se enamoró de él perdidamente. Luego de nueve años, se casaron y su vida se tornó en un tormento constante dadas las infidelidades continuas de su amado; se cuenta que una noche en que Rossetti salió a tener un encuentro sexual con Fanny Cornforth, apodada por el mismo artista “La Elefanta”, Lizzie apesadumbrada de la tristeza, bebió una sobredosis de láudano que terminó matándola. Al retornar a casa después de cometida la traición, y al encontrar a su frágil  esposa muerta, el artista dejado llevar  por un abrupto  sentimiento de culpa decidió hacer por Lizzie un último sacrificio de amor: enterró enredado entre los cabellos de su amada que caían sobre su frío e inerte pecho, los poemas que le había dedicado, porque en realidad siempre la amó, tal como Dante a Beatriz.

Tras la temprana muerte de su musa a los 32 años, el pintor se sumió en la bebida y la desesperanza. Sin embargo, alentado por sus amigos, opta por desenterrar los poemas y publicarlos, lo que constituyó un gran escándalo para la época, no sólo por el hecho en sí, sino sobretodo por el contenido erótico de los versos. Su adicción continuó y lo llevó a la muerte en Abril de 1882.

domingo, 10 de abril de 2011

Unreal

Flying Fish by Herbert Draper

Silencio que retumba en el abismo
de una nacarada alma
silbando como el viento mismo
sollozante al infinito, clama. 

Un goce oceánico no visto
que se evapora a nada
¿donde sufre? En el limbo
anidada en sueño de plata.



domingo, 3 de abril de 2011

...Lunar.

Edwar Robert Hughes - Weary Moon
 

La luna que ampara una caricia mortal
Adormilado sentido hacia el averno
Encandilamiento en la oscuridad venial.

La luna que ampara una caricia mortal
Probar la ansiedad del retorno
Desesperado ahogo en un recuerdo glacial.

sábado, 2 de octubre de 2010

Gala, la salvadora de Salvador Dalí.

Al hablar de Salvador Dalí es imposible no hacerlo de Elena Dimitrievna Diakonova, o simplemente Gala, la musa inspiradora de muchos artistas  y por consiguiente de toda una corriente y una época, el surrealismo. En 1929, Gala, ya casada con Paul Éluard, junto a otros artistas, fueron a visitar a un novel pintor. La desenvoltura de esta hermosa e impredecible mujer causó una impresión avasalladora en este pintor catalán, que no era otro que el mismo Dalí, quien maravillado, empezó a desvivirse por cautivar las miradas de la que posteriormente sería su musa e inspiración.

Tanta sería la locura que Gala, once años mayor, le despertó, que al intentar hablarle, el pintor era sorprendido por incontenibles ataques de risa que lo obligaban a retorcerse literalmente en el piso. Precisamente, el día en que le declaró su amor, se dio esta misma escena. Él sufriendo y riendo, hincado a sus pies, escuchó de los labios de su amada: “…niñito mío, no nos separaremos nunca…”.

Más adelante, él mismo se refiere así de su musa: “Gala me ha dado, en el verdadero sentido de la palabra, la estructura que faltaba en mi vida. Yo no existía más que en un saco lleno de agujeros, blando y borroso, siempre en busca de una muleta. Ciñéndome a Gala he encontrado una columna vertebral y, haciendo el amor con ella he rellenado mi piel. Hasta este momento mi esperma se perdía por la masturbación como arrojado a la nada, con Gala lo he recuperado y me ha vivificado. Primero creí que ella iba a devorarme; pero por el contrario, me ha enseñado a comer lo real. Firmando mis cuadros  como ‘Gala-Dalí’ no hago más que dar nombre a una verdad existencial porque no existiría sin mi gemela Gala”.

Pero la locura del pintor no se aplacó del todo con la llegada de Gala. Dalí como muchos genios era un hombre desorganizado, vanidoso y  neurótico, y ella puso riendas a los ímpetus que lo estaban desbocando sin remedio. Sin duda, una mujer fuerte y dominante, “violenta y esterilizada” tal y como la denominó André Bretón en su diccionario de Surrealismo, que pudo actuar bien como protectora y salvadora del propio Salvador Dalí, o bien ser la misma femme fatale, seductora y vividora de jovenzuelos, aficionada al adulterio más impúdico.

Harto conocidas las infidelidades de Gala, que por cierto, Dalí no desaprobaba, sino más bien alentaba discretamente dados los  rasgos de candaulismo -parafilia similar al voyeurismo- que poseía el pintor.  De esto, tenemos  que una noche de 1929, encontrándose el pintor solo porque Gala salió ‘al cine’, Dalí se excita tanto con su recuerdo que termina masturbándose. Liberada esta pulsión sexual, empieza su obra “El Gran Masturbador” donde no se ve a otro que a él mismo como protagonista y donde además de observar muchos elementos de connotación sexual, aparece un lirio blanco, que representa la pureza, puesto que Dalí definía a la masturbación como el acto sexual más puro. Asimismo, observando “Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar”, podemos ver a su musa Gala en toda su ostentación, levitando sobre una roca flotando en el tenue mar. La tranquilidad sucumbe ante la fiereza de los tigres (simbolismo fálico) que desembocan uno después del otro en el aire de la boca de un pez que a su vez emerge de la granada.

 Salvador Dalí - El Gran Masturbador


 Salvador Dalí - Sueño causado por el vuelo
de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar

Aún con todas las extravagancias tanto de Gala como del mismo Dalí, ambos deseaban unirse en matrimonio y allá por el año 1949 la excéntrica pareja visitó el vaticano para hacer un singular obsequio al Papa Pío XII: unos lienzos donde Gala transmutada en Virgen, aparecía llena de gloria rodeada de ángeles. Aprovechando esa oportunidad, se atrevieron a solicitar al Sumo Pontífice permiso especial para contraer nupcias. Era conocido que tal matrimonio no era viable ya que Gala se había desposado por la iglesia con su primer amor Paul Éluard, que aún estaba vivo. Sólo hasta 1958 contrajeron matrimonio y en adelante, la relación amorosa de los amantes que permanecieron siempre juntos –como lo advirtió Gala cuando se conocieron- fue un vaivén continuo de escándalos y controversias.

En 1982 que Dalí, intenta suicidarse por deshidratación, presa de la desolación más absoluta, tras el fallecimiento de su Gala a los 89 años. Al no lograr su propósito, se reafirma en su deseo de “dejarse morir” teniendo consecutivamente ocasionales fogonazos de creación como formar la Fundación Gala-Dalí; no obstante,  su vívida locura pronto se va oscureciendo en una profunda depresión. Muere a los 84 años en 1989.

Fue única esta pasión casi patológica, esta obsesión, la dependencia emocional y ese deseo frenético de compenetración con su musa-mujer para obtener su gozo y salvación. Se cuenta que cuando el Dennis Gabor, inventor de la técnica holográfica, visitó a Dalí, éste le comentó: “Me gustaría hacer un holograma de Gala, romperlo en mil pedazos y comérmelo para sentirme lleno de ella, como en la comunión…”.

Queda claro que Dalí encontró en Gala un estímulo de provocación y creatividad constante. La influencia de una mujer adelantada a su tiempo que se matizó a la perfección con la vida de un artista que no sólo escandalizaba con su obra, sino con su sola presencia, sus gestos, sus manierismos, incluso con su inefable bigote y su entrecejo de inquisidor desquiciado. Un genio niño ególatra que alguna vez osó compararse con Nietzsche  y afirmar que “la sociedad juega al juego de la seriedad para disimular su locura...” y que se le antojó hacer del mundo onírico su realidad, viviendo entre el ensueño erótico y la lucidez.