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martes, 1 de agosto de 2017
El recuerdo del amor
Mi alma se desliza por el fuego de tu piel en un último beso de purpúreos pétalos... Y de soslayo miro hacia atrás... un recuerdo... mis cabellos enredados entre tus dulces manos de volcán devorador y otra vez la lágrima que brota de la fuente de Jonia... el amor vencido en agonía tras el tul azulino que resguarda la sinfonía de un añejo violín...
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lunes, 1 de octubre de 2012
Moon in love
Endymion and Selene - Victor Pollet
Tras una ardua jornada de
trabajo, Endimión se acuesta a reposar al aire libre en la cumbre de una alta montaña.
Antes de cerrar los ojos, su corazón se vivifica en la silenciosa contemplación
de Selene, su amada diosa que en su forma de astro original alumbra y embellece
el nocturno firmamento.
Los párpados de Endimión se cierran
rendidos entrando al pasaje de los sueños sin sospechar que su amada ha bajado
a la tierra y al advertir su desnuda belleza ha empezado a amarle sublime y profundamente.
Selene baja cada noche a velar el
sueño de Endimión pero él ignora esta visita y más aún que la diosa también lo
ama.
Una vez, por intercesión de los
dioses Endimión despierta en plena noche y se une pasionalmente a Selene entre mutuas
confesiones del prodigioso amor que se profesaban el uno al otro.
Sin embargo, ha pasado ya mucho
tiempo y él empieza a percatarse que envejece, por lo que le solicita a la
diosa haga permanecer su juventud. Selene ruega por su amor ante Zeus y éste resuelve
que Endimión no padecerá el paso del tiempo únicamente mientras esté dormido.
Siendo así, el bello Endimión
decide dormirse nuevamente a cada despertar y la diosa Luna promete acompañarlo
en sus sueños por siempre.
lunes, 23 de enero de 2012
Laberinto de Amor.
“Al principio, no me veras ni entenderás pero tienes que tener paciencia y mirar. Con perseverancia y sin prejuicios, con libertad y con deseo, mirar. Con la fantasía desplegada y el sexo predispuesto –de preferencia, en ristre– mirar. Allí se entra como la novicia al convento de clausura o el amante a la gruta de la amada: resueltamente, sin cálculos mezquinos, dándolo todo, exigiendo nada y, en el alma, la seguridad de que aquello es para siempre. Solo con esa condición, poquito a poco la superficie de oscuros morados y violetas comenzará a moverse, a tornasolarse, a revestirse de sentido y a desplegarse como lo que, en verdad, es: un laberinto de amor”.
“Hace un instante estabas ciego y de hinojos entre mis muslos, encendiendo mis fuegos como un sirviente abyecto y diligente. Ahora gozas mirándome gozar y reflexionas. Ahora sabes cómo soy. Ahora te gustaría disolverme en una teoría”.
“¿Somos Impúdicos? Somos totales y libres, más bien, y terrenales a más no poder”…. “Nos han dejado sin secretos mi amor. Esa soy yo, esclavo y amo, tu ofrenda. Abierta en canal como una tórtola por el cuchillo del amor. Rajada y latiendo, yo. Lenta masturbación, yo. Chorro de almíbar, yo. Dédalo y sensación, yo. Ovario mágico, semen, sangre y rocío del amanecer: yo. Esa es mi cara para ti, a la hora de los sentidos. Ésa soy yo cuando, por ti, me saco la piel de diario y de días feriados. Esa será mi alma tal vez. Tuya de ti”.
Mario Vargas Llosa.
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domingo, 22 de mayo de 2011
Sentimental desnudez.
Endre Komaromi-Kacz
Recuerdo del ferviente abrazo
la imagen del mástil de su sexo
la furia de sus rítmicos movimientos dentro de sí
de sus despiadadas manos tocándola, palpándola…
sintiéndola en su profundidad de mujer.
El paraíso en el centro de su lúbrica incandescencia,
y al fin entre sus labios, una tierna explosión.
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sábado, 30 de abril de 2011
Idealizada Belleza Prerrafaelita
Venus verticordia- Dante Gabriel Rossetti
El cuerpo de una hermosa mujer flota inerte en las aguas esmeraldas de un lago saturado de florecillas. La palidez de su rostro evoca la luminosa aurora matutina y el cristal de sus ojos, el reflejo de celestes estrellas en el infinito. Así se describe a Elizabeth Eleanor Siddal inmortalizada en “Ophelia", la pintura de Millais que enamorado de los versos de Shakespeare, plasma en lienzo la escena donde la dama desesperada por el amor de Hamlet, se sumerge para siempre en un río. Sin embargo, tal proeza que a los ojos nos encandila, significó que Lizzie Siddal posara durante horas en una tina llena de agua helada, acarreándole el deterioro de su estado de salud durante el resto de sus días además que la llevó a hacerse adicta al láudano -bebida derivada del opio muy usada en el siglos XIX-. Vaya Heroína, aún sin saberlo. Pero de dónde surgió esta mujer que los más destacados pintores de la Hermandad Prerrafaelita la convirtieron en su musa e inspiración, es fácil deducir que su apariencia casi angelical, la esbeltez de su cuerpo, la delicada blancura de su piel y su abundante cabello rojo cobrizo, indujo a estos pintores a “sustraerla” de su tienda de sombreros, donde trabajaba como vendedora para adentrarla en el mundo del arte, confiriéndole alas que se desplegaban tanto como la mística imaginación de remotas épocas medievales lo sugerían.
Ophelia - John Everett Millais
Cuando Dante Gabriel Rossetti la conoció, la acaparó inmediatamente, tomándola como modelo exclusiva y amante. Lizzie como su madre la llamaba, no era indiferente al pintor, sino que por el contrario, se enamoró de él perdidamente. Luego de nueve años, se casaron y su vida se tornó en un tormento constante dadas las infidelidades continuas de su amado; se cuenta que una noche en que Rossetti salió a tener un encuentro sexual con Fanny Cornforth, apodada por el mismo artista “La Elefanta”, Lizzie apesadumbrada de la tristeza, bebió una sobredosis de láudano que terminó matándola. Al retornar a casa después de cometida la traición, y al encontrar a su frágil esposa muerta, el artista dejado llevar por un abrupto sentimiento de culpa decidió hacer por Lizzie un último sacrificio de amor: enterró enredado entre los cabellos de su amada que caían sobre su frío e inerte pecho, los poemas que le había dedicado, porque en realidad siempre la amó, tal como Dante a Beatriz.
Tras la temprana muerte de su musa a los 32 años, el pintor se sumió en la bebida y la desesperanza. Sin embargo, alentado por sus amigos, opta por desenterrar los poemas y publicarlos, lo que constituyó un gran escándalo para la época, no sólo por el hecho en sí, sino sobretodo por el contenido erótico de los versos. Su adicción continuó y lo llevó a la muerte en Abril de 1882.
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miércoles, 16 de junio de 2010
El amor de las Almas
Jean Delville - The Love of Souls
La peculiaridad de los simbolistas que tal vez más me atrae es la tendencia por lo oculto, por lo místico, por las cuestiones insondables e indescifrables del ser, la vida y la muerte.
Jean Delville, nacido en Bélgica en 1867, presentó todos los rasgos propios de un simbolista. El pintor Belga, fue seguidor de Joséphin Péladan, uno de los fundadores de la Orden Rosa Cruz y precisamente uno de los entendidos en lo que ocultismo se refiere en aquella época. Además tal era la inclinación del pintor por lo misterioso, la magia, el espiritismo y algunos fenómenos extrasensoriales, que llegó a ser miembro y secretario de la Sociedad Teosófica, dibujando y pintando su obra siembre con la pincelada que intenta traspasar lo meramente observable y cotidiano, con un ansia de hallar y plasmar lo incognoscible, lo profundo e infinito.
En “The Love of Souls” Delville genuinamente escudriña en el ideal de ‘lo eterno’ cruzando toda frontera física o corporal. Lo efímero, con la esperanza de la perpetuidad.
miércoles, 21 de abril de 2010
Sobre Safo, la Musa Mortal: Un ideal de amor sensual y espiritual.
Estatua De Safo - Von Dannecker (1800)
* * *
Imposible dejar de sentir incontables llamaradas en el alma con los versos de esta mujer nacida en Lesbos aproximadamente el 650 a.c. Comparada con el mismo Sócrates por su percepción del Amor y por la forma tan espiritual de expresarlo, aun cuando era su propio cuerpo el que anidaba y emanaba este sentimiento.
Sabido es por muchos que se le considera una especie de gestora o delegada del amor entre mujeres, pero me parece que esta única y simple razonable conjetura, sólo la ha minimizado a través de los siglos. Su figura pervertida ha sido tejida en la historia porque es hábito humano pretender destruir lo que no se comprende o se considera una amenaza, desgraciadamente como consecuencia de esto, se logró callar su seráfica voz que nos habla con dulces susurros en los fragmentos que tenemos de sus Epitalamios (cantos matrimoniales) y de su única pieza poética completa: Himno a Afrodita. Y en referencia a esto, tenemos de Ovidio que dice: “Mira a Safo, ¿qué más lascivo que ello?”
Pero al leerla, se descubre que Safo de Lesbos fue una mujer excepcional por su transparencia y singularidad espiritual, que rompió con los paradigmas de su época al cantarle al amor, a la belleza, a la sensualidad femenina y a su madre y Diosa: Afrodita, a quien invocaba con pasión, imploraba con piedad y agradecía con euforia sobre sus múltiples situaciones sentimentales. Pero ella también fue madre; madre, amiga y amante. Amaba entregándose en ternura infinita a la existencia y las vivencias sensuales con algunas alumnas de su escuela -Casa de las Musas- de las que se enamoraba y entre las que podemos citar como cruciales en la vida la de la Poetisa a Atthis y Anactoria. ¿Y por cuántas doncellas más tal vez no derramó insufribles lágrimas e imploró la ayuda de su Diosa para obtener sus favores? No lo sabemos con exactitud.
Pero sin duda, su verso trasciende porque es como una verdad lumínica, una realidad plasmada sencillamente, que conmueve por su excelsitud, por el sentimiento mismo que pervive en cada palabra. Palabras de las que se desprende sonoridad infinita, palabras atadas en versos graciosos, naturales y suntuosos a la vez. Donde sólo importa amar con el cuerpo y el alma, porque eso es bello y divino.
Sappho - Édouard-Henri Avril (Paul Avril)
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